Relato: De la ventana para abajo



Por ahí en el año 84 y a pocos días de ese Julio que lloré por primera vez luego de ver en el mundo que me tocó vivir, mi vida se reducía a comer y dormir como cualquier otro recién estrenado de la vida. Vivía con mi madre y mi abuela en un apartamento que quedaba en un piso 14 de la salvaje Caracas.

Esa casa, mi casa había sido donde crecieron mi mamá y mis tíos desde su juventud y albergaba cual museo inútil muchos peroles que fueron quedando en sus habitaciones, a medida que se iban casando y dejando el nido.

Una tarde mi mamá decidió hacer una siesta porque el agotamiento que produce un bebé es muy intenso y siempre debes aprovechar los momentos que duermen para tú dormir un poco, así que le pidió a mi abuela que estuviese pendiente por si me despertaba. Así pasó un rato y mi santa abuela se puso a limpiar la antigua habitación de mis tíos, que estoy segura que era un mundo al estilo de Julio Verne al haber pertenecido a dos jóvenes varones.

Mi abuela comienza la rutina, sacudir aquí y allá, recoger el desorden  ya que sus esposas no los dejaban tener en sus casas algunas cosas y ellos iban y lo dejaban en su antigua habitación que ahora era una especie de depósito. Equipo de béisbol, los maletines con los uniformes sucios, bates, guantes y la bendita bola de bowling que siempre estaba atravesada.


A mi abuela le perturbaba sobre todo la bola de bowling azul cobalto atravesada al lado de la cama, así que decidió levantarla y moverla a donde ella consideró era el lugar adecuado, mientras traslada esos kilos encerados de uretano y plástico, pasa por el frente de la ventana de la habitación y la pelota se le resbala de las manos, atraviesa los vidrios y caída libre 14 pisos pa' bajo y a lo Yordano, "rodó como una piedra cuesta abajo ♪".

Ay Dios mío! - gritó mi pobre abuelita, mientras intentaba mantenerse en pie de la impresión.

 Se asoma y ve que había caído sobre el techo del carro del vecino, que estaba estacionado justo al lado de su propio carro.

El grito despertó a mi mamá que alarmada brinca y corre a ver que pasa. Mi angustiada abuela corre con las manos en la cabeza hacia la sala donde se cruza con mi madre: 

- ¿Mamá, qué pasó?

Mi abuela nerviosa llorando:

-Leonor, ¡se me cayó, se me cayó por la ventana!. Y mientras le decía eso, con sus manos señalaba algo pequeño del tamaño de una bola o tal vez de un bebé.

Mi mamá insistía angustiada 

-pero mamá ¿qué se te cayó, Betty Andreina? 

Mi abuela no respondía y sólo  repetía el gesto con sus manos llorando desesperada por el carro del vecino. 

-se me cayó Leonor, se me fue de la ventana pa' bajo y no la pude retener.


Mi mamá al ver que no lograba mucho, corre a la cuna a ver si yo estaba ahí o en planta baja estampillada en el concreto, y justo en ese momento fue que le volvió  el alma al cuerpo a mi pobre  madre. 

Tal vez te interesen estas entradas